Escolástica

El comienzo de la Edad Media está relacionado con la caída del Imperio romano de Occidente, en el año 476, y con el cierre de la Academia de Atenas por Justiniano, en el año 529.  Su término se asocia con el descubrimiento de América, en el año 1492, la caída de Constantinopla, en el año 1453. La filosofía medieval abarca desde el siglo VI, con las escuelas monacales hasta el siglo XV, siglo en el que junto a la escolástica aparecen nuevas corrientes es de pensamiento.

El mundo se altera esencialmente con la caída del Imperio romano. A la gran unidad política de la antigüedad sucede el fraccionamiento; las oleadas de pueblos bárbaros se precipitan sobre Europa y la cubren casi totalmente; se constituyen reinos bárbaros en las distintas regiones del Imperio, y la cultura clásica queda sumergida. La comunidad de los distintos pueblos del Imperio se opone a la separación de los Estados bárbaros, ya que tardarán mucho en adquirir vínculos comunes; y esto será entonces mientras se cree en la vuelta del Imperio de Occidente la formación de algo nuevo, que se llamará Europa.

Asimismo, podemos decir que la escolástica fue la corriente teológica y filosófica dominante del pensamiento medieval, asimismo se conoce a la escolástica como la doctrina del pensamiento entre la fe y razón medieval que se apoyó en la filosofía grecolatina para interpretar teóricamente al cristianismo. La escolástica buscaba la unión teórica de la fe con la razón, aun cuando siempre hubo una subordinación de la razón a la fe.

La filosofía escolástica se caracterizó principalmente por la conciliación y el ordenamiento de las preguntas universales realizadas por la cultura grecoromana, junto con la búsqueda por comprender de manera racional los preceptos planteados por las sagradas escrituras y por la Iglesia cristiana.

En consecuencia, los métodos aristotélicos fueron aplicados al imaginario religioso que crecía rápidamente por todo el territorio de occidente.

La escolástica se dedicó a cultivar el silogismo aristotélico, así como también el empirismo y la exploración de la realidad; sin embargo, estas dos últimas vertientes no fueron muy favorecidas dentro de la filosofía medieval.

Por otro lado, su modelo de enseñanza consistía en la interpretación “método escolástico” que rigió la Edad Media y que caracterizó a esta doctrina filosófica. Se distingue por su extraordinario rigor en el planteamiento y la defensa de las ideas expuestas, mediante un procedimiento de tres pasos:  Lectio (lectura), Quaestio (pregunta) y Disputatio (discusión).

El método escolástico empezaba con un comentario de un texto, la lectio, un estudio en profundidad que empezaba con un análisis gramatical, avanzando desde el significado literal hasta la captación del sentido y terminando en una exégesis que revelaba el contenido del texto.

Pero el comentario daba origen a un debate. La lectio dio lugar a la questio, lo cual permitía que el lector pasase de ser pasivo a ser un activo investigador que cuestionaba el texto, con cierta audacia e independencia de la autoridad en algunos casos.

Por otro lado, Marias (1980) menciona los tres problemas capitales de la filosofía de la Edad Media que son, la creación, el de los universales y el de la razón.

La creación aparece, pues, como el primer problema metafísico de la Edad Media, del que derivan, en suma, todos los demás. La creación no se puede confundir con lo que llaman los griegos génesis o generación. La generación es un modo del movimiento, el movimiento sustancial; este supone un sujeto, un ente que se mueve, y pasa de un principio a un fin. En la creación no ocurre esto: no hay sujeto. Dios no fabrica o hace el mundo con una materia previa, sino que lo crea, lo pone en la existencia. La creación es creación de la nada. (Marias, 1980)

En efecto, crear es producir el ser a partir de la nada por una causa universal, que es Dios. Los entes creados participan del ser, a diferencia de Dios que es el Ser. Dios es causa primera y las criaturas son causas segundas. En los entes creados, esencia y ser se distinguen, mientras que en Dios se identifican

Los universales son los géneros y las especies y se oponen a los individuos; la cuestión es saber qué tipo de realidad corresponde a esos universales. Los objetos que se presentan a nuestros sentidos son individuos; en cambio, los conceptos con que pensamos esos mismos objetos son universales: el hombre, el árbol. Las cosas que tenemos a vista son pensadas mediante sus especies y sus géneros; ¿qué relación tienen estos universales con ellas? (Marias, 1980).

El problema de los universales consiste en explicar la relación que guardan nuestros conceptos mentales y las cosas que existen en el mundo externo. Las realidades extramentales son determinadas, individuales, contingentes y cambiantes, mientras que las realidades producto de nuestra mente son a su vez, abstractas, universales, necesarias e inmutables. Entonces la tarea de estos pensadores es determinar cuál es la relación entre la flor que tengo en mi mente y la flor física que estoy viendo. Tratar de determinar si las ideas de nuestra mente son fieles a la realidad objetiva y porqué lo serían. Este debate intenta dar cuenta en última instancia a cuál es la forma de existencia de los universales, estableciéndose como un debate ontológico.

La razón va a ser un asunto exclusivamente humano. La razón es, sí, propia del hombre, pero no de Dios; este es omnipotente y no puede estar sometido a ninguna ley, ni siquiera a la de la razón. Esto le parece una limitación inadmisible del albedrío divino. (Marias, 1980)

La razón a ser una cosa de puertas adentro del hombre, una determinación suya puramente humana, y no esencia de la Divinidad, en este momento queda el espíritu humano segregado también de esta. Solo, pues, sin mundo y sin Dios, el espíritu humano comienza a sentirse inseguro en el universo. Entonces la razón, nos lleva también a la verdad. Por lo tanto, no puede haber conflicto entre la filosofía y la teología, porque sería una discordia dentro de la verdad.



 

 

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